El alga exótica Rugulopteryx okamurae llegó hace algo más de cinco años a las aguas del Estrecho de Gibraltar y se hizo fuerte. Pronto desplazó a las especies autóctonas del fondo marino. Y luego comenzó a enredarse en las artes de pesca y las almadrabas con la misma virulencia con la que alfombra las playas de la Bahía de Algeciras y Ceuta después de los temporales.